El libro me llegó por casualidad una tarde de verano; tenía unos diez u once años aproximadamente y como todos los días durante las vacaciones, mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí a la biblioteca pública, donde leíamos cuentos, nos contábamos las aventuras de los cinco y buscábamos lo más rápidamente posible a Wally. Un día decidí cambiar la sección infantil por la juvenil, ya que quería leer algo más de mayores. Así que, buscando por las estanterías me encontré un libro completamente diferente. En la portada no aparecía Wally, ni princesas encantadas, ni animales vestidos de humanos, sino que aparecía la imagen de cuatro chicas, bastante guapas por cierto. Lo cogí rápidamente para que nadie me lo pudiera sacar y lo mire más detalladamente; era tan grande y tenía tantas páginas que recuerdo que me pensé dos veces si debía leerlo o no. Empecé por leer el argu- mento y claro está que me convenció. A partir de ese momento tenía que saber más sobre la inteligente Jo, la responsable Meg, la tímida Beth y la impulsiva Amy.
La historia de cuatro hermanas que tienen que enfrentar las terribles consecuencias de la guerra civil americana y durante ese tiempo, las pequeñas pierden su inocencia infantil y acaban descubriendo el mundo real, convirtiéndose en unas “mujercitas”. Juntas viven experiencias divertidas y hasta llegan a conocer el amor. Sin embargo, también tienen que enfrentarse a situaciones difíciles como el hambre, enfermedades e incluso la muerte. Sin embargo todas las adversidades y conflictos acaban por solucionarse gracias al amor familiar. Aún recuerdo cuanto me emocioné cuando Jo vendió su pelo para conseguir dinero para su madre o cuando la pequeña Beth estaba muy enferma y a punto de morirse, y ahora que estoy pensando en él otra vez, tengo ganas de volver a leerlo, pero para sentirme esta vez una pequeña mujercita.
Tamara Carrera Aller

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