Profesor no sé qué hablo: ¿español o castellano?
Ingenuo de mí, intentando no entrar en grandes disquisiciones, solía contestar que daba igual, que utilizasen cualquiera porque ambas se aceptaban. El Diccionario Panhispánico de Dudas me avalaba: “para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América (…) son válidos los términos castellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada”.
Para algunos, esta explicación era suficiente, pero muchos quedaban insatisfechos y abrían un nuevo frente: ¿y usted cuál utiliza? Ahora sí, no había excusas, tocaba mojarse: Allá por el siglo XII el territorio peninsular se dividía en cinco reinos (León, Castilla, Navarra, Portugal y Aragón). Con la posterior alianza entre las coronas de Castilla y Aragón (1469) el dialecto castellano, que había convivido entre las diferentes variedades romances, se convertiría oficialmente en la lengua del imperio. Pero la Península continuó su proceso evolutivo, los dialectos románicos sufrieron un proceso de asimilación lingüística, y el devenir histórico hizo que surgiese el concepto de España como nación. Algunos historiadores dicen que la Independencia de Portugal (1640) dejaría el nombre de España para el conjunto de los otros territorios; otros sitúan ese momento en 1715 con la abolición de la Corona Castellana; ciertos estudios hablan de la coronación de Carlos I (1516) por ser el primer monarca que unía todos los reinos; incluso hay quien lo alarga hasta la proclamación de la primera Constitución Española (1812).
Lo cierto es que, sea como fuere, desde el siglo XVIII, el término castellano alterna con el de español para denominar la lengua hablada en el territorio común. Y desde entonces, el debate está servido. Lo que debería haber sido una simple etiqueta, una denominación, una nomen- clatura comienza a lastrar conceptos cargados de matices históricos, culturales e ideológicos que marcan su devenir terminológico. Las diferentes corrientes de pensamiento se encargarán de estigmatizar la lengua, de utilizarla como un instrumento político, como un arma ministerial con el que hacer proselitismo, menospreciando el patrimonio sociocultural que tienen entre manos.
Por tanto: ¿español o castellano? Ambas. Aunque, si he de decantarme, abogo por la explicación esencialmente filológica del Diccionario Panhispánico de Dudas: (…) El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy más de cuatrocientos millones de personas. (…) Resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región.
En fin, ya que dicen que las lenguas están vivas, espero encontrarme algún día con la mía para poder preguntarle cómo se llama.
David R. Sousa
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