Wednesday, 5 November 2014

La Columna de David - newsletter n.º 0 (Abril 2012)

Sexismo lingüístico:
un problema social o gramatical

El pasado mes de marzo, el académico Ignacio Bosque publicó un artículo sobre “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” en el que analizaba la adecuación de las recomendaciones difundidas por diferentes guías de lenguaje no sexista. Comentaba en su discurso que algunas de las pautas publicadas en dichas guías contravienen las normas gramaticales, o bien no se ajustan a las prácticas habituales de los hablantes. De hecho, estos manuales, ante enunciados como “voy a llevar a los niños al colegio” proponen la sustitución del término masculino por “niños y niñas” (transgrede el principio de economía del lenguaje), “niños/as” (nadie se expresa diciendo niños barra niñas), niñ@s (es tan grotesco como impronunciable porque es inadmisible gramatical y fonéticamente), o el cambio de la expresión por otra sin carga masculina como “voy a llevar a mi descendencia al colegio” (¿alguien habla así?).

Todos admitimos la necesidad de destacar el papel de la mujer en la sociedad, así como la importancia de reconocer su lugar en igualdad de condiciones que el hombre, pero esto no puede servir como pretexto para emplear el lenguaje como arma arrojadiza ante las desigualdades sociales.
Cuando abordamos el asunto de la discriminación sexista en la lengua española, nos encontramos con un primer obstáculo producido por la confusión que existe entre los conceptos de género y sexo. El primero es un rasgo gramatical que tienen algunas clases de palabras como los nombres, los adjetivos o los determinantes; mientras que el segundo  es la condición orgánica que poseen los seres vivos. Por tanto, estamos ante dos nociones diferentes y la falta de correspondencia entre ambas no debería ser motivo de discordia. No obstante, conviven imbricadas de tal manera en la actualidad que se crea una confusión de conceptos que convendría aclarar.

Por otra parte, el género no marcado en español es el masculino, es decir, en la expresión “estos son mis hijos” se informa sobre un conjunto de personas con independencia del sexo; sin embargo, si se emplea el término “hijas” se hace referencia únicamente a las mujeres. Es cierto que este tipo de criterio puede considerarse sexista, y para explicarlo debemos observar el prototipo de sociedad patriarcal y machista que predominaba en la época de nuestros ancestros lingüísticos. Esto nos muestra que la lengua es un ente vivo que emerge como  reflejo de la sociedad. Por tanto, es absurdo pensar que las lacras sociales se puedan superan por medio de la manipulación del lenguaje porque el mecanismo funciona justamente al revés, es la lengua la que se adapta a las realidades y usos socioculturales.


Quizá mi discurso no sea políticamente correcto, igual que el lenguaje tampoco lo es de modo natural y por eso la sociedad lo llena de tabúes y eufemismos, pero la solución para acabar con el sexismo lingüístico comienza por cambiar  la sociedad para que cambie el lenguaje, porque lo contrario, además de ingenuo, no es más que una cortina de humo que refleja el quijotismo en la lucha contra los molinos.


David Sousa

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