Friday, 7 November 2014

Lo bueno si breve, dos veces bueno: el microrrelato - newsletter n.o 3 (junio 2013)


Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921-Ciudad de México, 2003) es, sin duda alguna, la figura principal del género literario más breve en español: el microrrelato o también llamado relato hiperbreve, microcuento, cuento en miniatura, ficción súbita o textículos, entre otros, que ponen en relieve su característica principal: la brevedad.


Otras características de este género tan sui generis son la acción narrada de una forma condensada; el lenguaje preciso, poético; la presencia del humor o de la parodia; un final abrupto, impredecible o, incluso, abierto a múltiples interpretaciones (v. texto 1, en el que la autora propone al lector que escoja su propio final) y, por último, necesita de un lector competente, de un lector que sea capaz de asociar lecturas y conocimientos (v. textos 4 y 5). Todo ello queda reflejado en el microrrelato más conocido de Monterroso precisamente, El dinosaurio:

(más microrrelatos de Monterroso disponibles
en http://cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/antologia)


Texto 1: René Avilés Fabila – Franz Kafka
Al despertar Franz Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y horrorizado pudo comprobar que:
  1. seguí siendo Kafka,
  2. no estaba convertido en un monstruoso insecto,
  3. su figura era todavía humana.
Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis.

Texto 2: Jorge Luis Borges – Un sueño
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un  hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

Texto 3: Ángela Adriana Rengifo - Casualidad
Justo en el instante en que él se estaba afeitando, ella se duchaba.
Justo en el instante en el que ella se maquillaba, él leía el periódico.
Justo en el instante en el que él estaba desayunando, ella guardaba sus papeles.
Justo en el instante en el que ella empacaba su almuerzo, él acariciaba su gato.
Justo en el instante en que él daba instrucciones al portero, ella tomaba su café.
Justo en el instante en el que ella salía de la casa, él cogía las llaves del carro.
Justo en el instante en que él pasaba con su carro, ella cruzaba la calle.

Texto 4: Marco Denevi – El nunca correspondido amor de los fuertes por los débiles
Hasta el fin de sus días Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona, a aquella mujer terrible cuya mirada, si se cruzaba con la de un mortal, convertía a éste en una estatua de piedra. Pobre tonto. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vio de lejos, se enamoró de él. Nunca le había sucedido antes. Todos los que, atraídos por su belleza, se habían acercado y la habían mirado en los ojos, quedaron petrificados. Pero ahora Medusa, enamorada a su vez, decidió salvar a Perseo de la petrificación. Lo quería vivo, ardiente y frágil, aun al precio de no poder mirarlo. Bajó, pues, los párpados. Funesto error el de esta Gorgona de ojos cerrados. Perseo aproximará y le cortará la cabeza.

Texto 5: Augusto Monterroso – La tela de Penélope o quién engañó a quién
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto) casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera, ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus dependientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

Texto 6: Rubén Darío – El nacimiento de la col
En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-          Eres bella.
-           Lo soy –dijo la rosa.
-           Bella y feliz –prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. .Pero…
-           ¿Pero...?
-           No eres útil. ¿No miras esos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…
-          La rosa, entonces –tentad como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-           Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-          Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces el mundo vio la primera col.

Fuente: Centro Virtual Cervantes / Por favor, sea breve 1 y Por favor, sea breve 2

María Asunción Pérez Pajares

No comments: